Paseabamos Comosellame y yo por la ciudad, la hermosa ciudad y nos encontramos con una de esas esculturas temporales que han puesto hace poco en calle Larios (véase foto). El museo en la calle, ya saben. He descubierto que es casi imposible, por muy educado que uno sea y muy curtido que se esté en las últimas tendencias del arte contemporáneo, pasar ante uno de estos artefactos culturales y reprimir el impulso de hacer una gracia. Así que sin apenas mirarlo me acaricié el mentón y dije:
-Me parece que tiene una cierta cualidad orgánica.
que es, para los que no lo sepan, la frase hecha que suelo usar indiscriminadamente cuando estoy ante algo supermoderno y no se me ocurre nada interesante que decir. Debí de cogerla prestada de los Simpsons o Woody Allen, pero ya no me acuerdo.
De modo que traten de imaginarlo: yo digo "me parece que tiene una cierta cualidad orgánica" y Comosellame, también por aparente impulso reflejo, responde:
-Oh, vamos.
Sonríe sin mirarme, consciente de que ella también ha hecho su gracia, mientras un hormigueo de ternura me pasea por la espalda. Se dan cuenta, esos pequeños detalles.
25 mayo, 2006
Miniatura
18 mayo, 2006
Que viene de la noche y va a ninguna parte
Si alguno de mis lectores (cualquiera de los dos) ha observado un pequeño mensaje un tanto embarazoso que aparece de vez en cuando por aquí, anunciando que los comentarios a mi última entrada son el 'most popular outgoing link' (encima pitorreo), tal vez haya seguido la pista del enlace hasta este sitio, que es el que me permite saber, a cambio de ciertas pequeñas servidumbres como la de tolerar esos incómodos mensajitos, de dónde vienen y por dónde salen los amables o despistados visitantes de esta cosa. Cuando tengo el día gracioso me divierte echar un vistazo y descubrir, por ejemplo, que sigue habiendo gente que viene a parar aquí porque ha buscado en Google (en la sección de blogs, se entiende) algo sobre la decadencia de Occidente o cualquier variación por el estilo. Mis disculpas a todos ellos, porque no habrán encontrado, me temo, el sesudo monográfico sobre Spengler que debían andar buscando. Aunque ya son ganas, ya. Lo cierto es que llevo algún tiempo con la idea de cambiar el nombre y los colores al blog para adecuarlos a su contenido y, de paso, evitar este tipo de confusiones, pero estarán ustedes conmigo en que habría quedado un tanto ridículo molestarse en arreglar el aspecto de una página en la que uno ni siquiera escribe. Últimemente me he enmendado un poco, así que ya veremos.
Otro despistado, por lo que parece, dio con uno de mis monigotes después de escribir mistress en Google, imagino que buscando una severa dominatrix con la que satisfacer alguna respetable perversión sexual (no sé si soy demasiado retorcido, pero es la mejor opción que se me ocurre). Hemos de suponer que tampoco quedó satisfecho con lo que encontró, a menos que le gustara alguno de los últimos dibujos que he subido en los que aparecen tetas. Aunque no lo creo, porque las señoritas que he dibujado últimamente son lánguidas en exceso. Mis disculpas, por tanto, también a ese forastero, por hacerle perder el tiempo.
Por último están los despreocupados que llegan aquí haciendo zapping desde otro blog en el que no estoy enlazado, es decir, pulsando el botón 'next blog' que aparece en el margen superior derecho y que conduce siempre a una dimensión tan impredecible como decepcionante. Pero a esos no les debo ninguna disculpa: se lo han buscado ellos mismos, por inconscientes.
16 mayo, 2006
08 mayo, 2006
Patriots to arms
Una inocente y frívola exploración de las posibilidades pop de la iconografía soviética. Siento el impulso de añadir a continuación 'oh, vamos', pero estoy intentando deshacerme de mis muletillas.
Pensaba que este tipo de cosa podría quedar bien en una camiseta, no sé por qué.

03 mayo, 2006
El regreso que todos esperaban
Y ahora vamos a hacer como si no hubieran pasado varios meses desde el último post. ¿Bien? Pues allá vamos.
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Van a pensar que estoy majara, pero dibujar con mis lápices buenos me provoca un sentimiento de responsabilidad paralizante bastante vergonzoso. Por eso hace algún tiempo (un par de meses, tampoco hay que exagerar) empecé a utilizar lápices de Ikea para hacer los bocetos. Me refiero, claro, a los lápices pequeños y gratuitos con los que uno se va llenando el bolsillo inocentemente mientras busca las librerías Billy. Si luego resulta que me gusta el dibujo que va saliendo, siempre estoy a tiempo de terminarlo con los lápices buenos, y así me sentiré un poco menos culpable por haber contribuido a gastarlos. Con este absurdo método me ha ido algo mejor, últimamente; por lo menos he pasado bastante más tiempo dibujando del que solía.





