30 septiembre, 2005

Memento mori

No se alarme, querido qïp, esto no es todavía su caricatura.


Disculpen por el tema fúnebre, pero el libro de anatomía de mi hermana del que he copiado esta cosa es una tentación irresistible. Dos tomos pesadísimos de grandes láminas satinadas. Además me sirve para que Mingorote no siga acusándome de ignorar los medios tradicionales. Lápiz y papel, ven como soy un tipo versátil.

08 septiembre, 2005

Huya inmediatamente si observa que sus paredes son blandas o se desmoronan

05 septiembre, 2005

Out of Clay

Desde hace varios días tengo un botijo en casa. Uno de esos barrigudos, de arcilla roja. Hay gente poco informada que piensa que la edad adulta comienza cuando te compras el monovolumen o cuando sales del banco con una hipoteca dolorosamente clavada en la espalda, pero usted y yo sabemos que ese tipo de cosas no son más que gravosas anécdotas, y que el verdadero síntoma de que algo irreversible ha ocurrido en tu vida consiste en comprar un botijo. Hace un año, sin ir más lejos, no se me habría pasado por la cabeza entrar en una tienda de cerámica y caminar decididamente hacia la exposición de botijos. Tampoco habría encontrado motivo alguno para examinar científicamente los distintos tamaños y formas, sopesar varios ejemplares y finalmente acercarme al mostrador y decir:

- Me llevo este.

Me lo envolvieron en una bola de papel de periódico y cinta adhesiva. Luego Comosellame y yo nos llevamos el botijo a casa, lo llenamos de agua y lo pusimos sobre un plato en la encimera de la cocina. Lo contemplamos emocionados, sin decir nada. Teníamos un botijo, entiendan. Qué vértigo.

Había que completar una serie de rituales de los que fuimos informados por familiares diversos y en los que nos sentíamos, la verdad, bastante inexpertos, como llenarlo de agua con anís y dejarlo reposar hasta eliminar el regusto arcilloso, o confeccionar una funda de ganchillo para que los bichitos no se suiciden arrojándose trágicamente por la oscura boca del botijo. No hicimos nada de eso, porque comprar un botijo para sentirnos mayores podía tener un pase, pero gastarnos el dinero en una botella de anís nos parecía ya una cosa más de la tercera edad; no digamos lo del ganchillo. Tímidamente sugerí que, a falta de anís, podíamos echarle un chorrito de pacharán o de Ceregumil, pero Comosellame no estuvo de acuerdo, sólo por llevarme la contraria.

Es bueno tener un botijo. Por la noche, antes de dormirnos, nos reconfortaba imaginarlo en la cocina con el vientre repleto y fresquito, en la oscuridad. Así nos dormíamos y soñábamos a gusto, ven qué felicidad.

01 septiembre, 2005

Rindamos tributo a los clásicos

Creo que estoy empezando a cogerle el truco a SketchUp. Échenle de inmediato un vistazo a este programa y así, dentro de algún tiempo, podrán presumir diciendo que ya lo conocían antes de que lo comprara Microsoft, suceso que tranquilamente profetizo en este momento. Ustedes no conocían mis capacidades anticipatorias, pero entiendan que, obviamente, uno no puede tomar helado de vainilla con Ceregumil sin obtener a cambio algún tipo de superpoder.

A lo que iba. Con gran amor he modelado el siguiente juguete:


El profesor Tornasol estaría emocionado, igual que ustedes. También he aprendido cómo hacer una animación básica (no se emocionen, sólo es una cámara girando alrededor del cohete). Iba a subirla, pero parece que he vuelto a olvidar cómo canastos se accede a mi ftp. No me miren así, es que soy un sabio despistado.