Lo raro es que existan los calvos. En realidad, podría decirse que no es sólo raro sino ciertamente escandaloso. No me entiendan mal, no tengo nada contra ellos: conozco a varios y en general son tipos bastante simpáticos, salvo aquel pedante de Michel Foucault, que es un claro ejemplo de calvo antipático. Pero ése no es el tema. Déjenme explicarlo: mis prejuicios no son estéticos sino ontológicos. Ontológicos, sí. Porque el hecho de que la gente se quede sin pelo es un absurdo metafísico, como ya sabían los griegos y como puede probarse fácilmente.
Veamos. Imaginen una cabeza de la que hermosamente brotan unos cien mil pelos, lo cual representa una cifra razonable según diversas opiniones (confíen en mí, me he documentado). Bien: estamos de acuerdo en que un tipo con diez mil pelos en la cabeza no es calvo. Si a este señor le arrancamos (con delicadeza) un pelo, sigue sin ser calvo, obviamente. Si le quitamos otro, pues lo mismo, aunque tal vez empiece a mosquearse. Podemos continuar el procedimiento, de forma que es fácil decir que, si tengo n pelos en la cabeza y no soy calvo, afortunadamente tampoco lo seré si tengo n-1. El razonamiento inductivo nos lleva a admitir que, por muchos pelos que nos arranquemos, llegaremos a viejos antes que a calvos. Como queríamos demostrar. Pero, ¿y todos esos tipos calvos que usted y yo hemos visto en la calle, especialmente en el autobús? Bueno, la respuesta es sencilla: ellos no perdieron los pelos uno a uno, sino a montones.
Por supuesto, ustedes encuentran increíble que yo pierda el tiempo en contarles esta chorrada; además son muy listos y saben dónde está la trampa del razonamiento. Mejor para ustedes, pero los contemporáneos de Eubulides de Mileto, que según parece fue el primero en enunciar la paradoja –aparte de un tipo con bastante sentido del humor- quedaron tan perplejos que se tiraban de los pelos, si me perdonan la tontería. A todo esto, lo que les acabo de contar se conoce como paradoja sorites o de los montones. A mi me parece divertida, aunque, por las caras que veo, a ustedes no tanto.
***
En realidad, el principio en el que se basa esta paradoja es exactamente el mismo que aplico cuando quiero guardar un montón de tebeos en la estantería de los tebeos. La estantería está tan repleta que si intento encajar el montón de una sola vez resulta claramente imposible. Pero aplicando el principio de que siempre cabe uno más, puedo guardar todos los tebeos que quiera. Recuerden: la filosofía es nuestra amiga. Trátenla bien.
27 julio, 2005
Grandes conceptos de la Filosofía Occidental (I)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 notas del traductor:
Filosofía = Amigo o cercano a la verdad.
Amigos de la filosofía = ¿amigos de la verdad, amigos de lo amigo a la verdad o amigos de lo cercano a la verdad?
En cualquier caso, las paradojas son la demostración palpable que nuestra mente (o forma de pensar) tiene límites que nos impiden aprehender determinadas ideas.
Publicar un comentario en la entrada